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Iván Redondo, un experto en márketing electoral al frente del Gabinete de Moncloa

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Las tres personas que viven encadenadas a un presidente del Gobierno, las auténticamente obligadas a guardar secreto de lo que ven, de lo que oyen, de lo que se fragua en el corazón de La Moncloa son su secretaria personal, el director de gabinete y el secretario general de la Presidencia. Lo suyo tiene que ser devoción por el trabajo sin horarios, en la sombra, con la seguridad de que los éxitos no conllevan medalla porque siempre está destinada al pecho del líder y los fracasos, por el contrario, se anotarán inevitablemente en el debe personal.

Son los más fieles, los más reservados, los que saben de verdad y tienen siempre los labios sellados. Trabajan con el hombre y con el político, conocen sus debilidades y sus fortalezas; le guían, le apoyan, le alientan, le aconsejan y también, a veces, le consuelan. Son el frasco de las esencias del poder y el desagüe de la fontanería del Estado. Todo a la vez.

El presidente Sánchez ha escogido para desempeñar el más importante de estos tres cargos -jefe de gabinete- a Iván Redondo, un profesional del márketing político, un analista de pronósticos y resultados, un mago de los eslóganes y las frases redondas. Siempre al pie del trampolín electoral preparado para catapultar al jefe con golpes de efecto. Su perfil rompe todos los moldes. Fue director de gabinete del ex presidente de la junta de ExtremaduraJosé Antonio Monago y asesoró en su campaña al líder del PP catalán, Xavier García-Albiol y ha colaborado, analizando la actualidad política, en numerosos medios de comunicación.

El gabinete de Presidencia fue un órgano creado por Adolfo Suárez que designó a una mujer, Carmen Díez de Rivera, como primera directora. Sus sucesores fueron Alberto Aza y Eugenio Galdón. En la etapa de Felipe González fue el turno de Roberto DoradoAntoni Zabalza y José Enrique Serrano. Con el primero de ellos se acuñó el término de “fontaneros” aludiendo a su condición de conocedores y, a veces, manipuladores de las tripas del Estado.

Aznar mantuvo durante sus ocho años como presidente al mismo jefe de gabinete: Carlos Aragonés. Y lo mismo hizo Zapatero repitiendo con José Enrique Serrano. Finalmente, Rajoy designó a Jorge Moragas y ya en los meses finales de su mandato, a José Luis Ayllón. Prácticamente todos, hombres de fidelidad probada al partido.

El jefe de gabinete, desde la etapa de Aznar, tiene rango de secretario de Estado y de él dependen múltiples departamentos subordinados. A falta de que Pedro Sánchez decida la estructura de su gabinete, el organigrama del diseñado por Rajoy incluía cinco áreas: Asuntos Jurídico-Institucionales; Política Internacional y Seguridad; Análisis y Estudios; Políticas Sociales y Educación y Cultura.

Iván Redondo, desde su nuevo cometido, tendrá que alejarse de las pantallas de televisión y del escenario público. A él le corresponderá, como precisa el decreto que recoge las funciones y competencias propias del jefe de gabinete, facilitar al presidente toda la información política y técnica que precise, asesorarle, conocer los planes de todos los ministerios para que el presidente coordine eficazmente la acción del Gobierno y, además, realizar “aquellas otras actividades o funciones que le encomiende el presidente del Gobierno”. Y en este último punto se esconde lo más delicado del cargo. El jefe de gabinete trabaja con información reservada, conoce de los secretos de Estado y a menudo su labor es altamente confidencial.

En el gabinete se organiza la seguridad del presidente tanto dentro como fuera de España, se planifica y lleva a cabo el servicio de protocolo, de comunicación, de sistemas informáticos y de asistencia sanitaria.

Redondo estará acompañado en su labor por un director adjunto que encabezará el departamento de Seguridad Nacional. Para desempeñar esta labor ha sido designado el coronel Pedro Baños que reinará en el Centro de Situación, más conocido como el búnker de Moncloa, desde el que se hace seguimiento y gestión de crisis y se garantizan las comunicaciones especiales de la Presidencia. Su trabajo es extremadamente delicado. Igualmente dependerá de él la Secretaría General de la Presidencia del Gobierno. Para ocupar este puesto ha sido designado Félix Bolaños, hasta ahora jefe de la División de Asesoría Jurídica Laboral y Documentación Jurídica del Banco de España y patrono de la Fundación Pablo Iglesias.

Iván Redondo, el ex asesor del PP que ‘tumbó’ a Rajoy

Jueves 24 de mayo. Hay júbilo en el búnker de Mariano Rajoy. Su Gobierno acaba de aprobar los presupuestos. La felicidad en el inexpugnable núcleo duro del PP es tal que ni el estruendo de la condena por el caso Gürtel les borra la sonrisa. Creen que las cuentas son un salvavidas hasta 2020. Ven el mar calmado. Sin otear el virulento tsunami que se les viene encima. Un tsunami que desatará uno de los suyos. El hijo del jefe de máquinas de un barco. Un hombre de la casa al que no quisieron convertir en capitán de su transatlántico. Que tuvo que saltar a una embarcación rival que se encontraba en el astillero ante la falta de oportunidades en Génova. Con un horizonte tan ambicioso como él: hacer caer al presidente y aupar a Pedro Sánchez a La Moncloa. Su sueño más deseado desde que era un adolescente adicto al Ala Oeste de la Casa Blanca. Un sueño que Iván Redondo siempre supo que lograría. Tarde o temprano. Pero no con el PSOE.

Este consultor político de 37 años fue quien recomendó al líder socialista que apretase el botón rojo para acabar con el «rinoceronte» Rajoy. Para activar la moción de censura. Un as en la manga que se había guardado durante meses en espera de la tormenta perfecta. Y la tormenta llegó en forma de condena de la Audiencia. Tres llamadas bastaron para orquestar el fin de Rajoy.

Tras conocerse la sentencia el jueves, Sánchez(46) telefoneó a Redondo para preguntarle cómo veía una moción. El estratega, según fuentes socialistas, fue tajante. «Es el momento de hacer jaque mate. Puedes ser presidente del Gobierno». Redondo vio cómo Ciudadanos había retirado su apoyo y cómo la oposición estaba harta de que Rajoy no asumiese su responsabilidad. El ruido de la calle acompañaba. Sólo había que hacer ver al resto de actores que era posible hacer caza mayor. Sánchez llamó a su secretario de organización, José Luis Ábalos, que se encontraba en Copenhague, y a la vicesecretaria Adriana Lastra. Dieron su OK. Es ese sanedrín el que diseña una hoja de ruta para batir a Rajoy que había avanzado Redondo en su blog de Expansión The War Room el 22 de mayo de 2017. «Si enfocamos bien el ajedrez político que se avecina deben saber que hay altas probabilidades de que Sánchez pueda ser presidente. Bien a través de una moción de censura (si se suceden más escándalos en el PP y se conforma esa mayoría alternativa) o tras el resultado de unas elecciones anticipadas». Su profecía se cumplió hace dos días.

Once de la mañana del viernes en el Congreso. Arriba de una bancada popular con aires de funeral, hay un hombre con ojeras de noche en vela que está sentado en la tribuna de invitados. Luce traje oscuro. Lleva desde las ocho intercambiando sms con SánchezSegún fuentes socialistas, le dio cinco consejos: 1)«Céntrate en la dimisión con la frase ‘Dimita, señor Rajoy, hoy, aquí y ahora’. Demuestra no querer ser presidente a cualquier precio; 2) Ofrece un discurso moderado sin compromisos que no se puedan cumplir relegando al presidente al papel de líder de la oposición; 3) Equilibrio y estabilidad. Delimita un espacio medido de centro izquierda en las intervenciones; 4) No uses papeles, suéltate como animal político en los cara a cara. Habla desde el corazón; 5) Muestra humildad y épica porque tu historia es épica. Domina el debate con personalidad sin arrollar. Muestra honestidad. Saliste del Congreso dimitiendo. Y vuelves al Congreso para tumbar a Rajoy y ser el próximo presidente».

Llegan las 11 de la mañana y comienza la votación de la moción. Y el hombre mira al cielo. Funde sus manos y aprieta los ojos con fuerza. Como si fuese la tanda de penaltis de su Real Sociedad en aquella final de la Copa del Rey de 1987. «Sí, sí». Va calculando en su cabeza voto a voto hasta llegar a los diputados necesarios para culminar su jugada maestra. Está a un puñado de alcanzar su sueño. De hacer su particular House of Cards desde Moncloa. De ser un fontanero de las altas esferas. Porque Redondo nunca quiso estar ante los focos. Sino detrás, porque la política, según él, es el arte «de lo que no se ve». Y él disfruta entre bastidores. Como aquel asesor de Los idus de marzo. Su sueño se cumplió a las 11 y media cuando se confirmó la tragedia del partido para el que siempre trabajó.

Se aprueba la moción. Sánchez es presidente y recibe una sonora ovación. Iván aplaude con discreción desde la tribuna. Varios compañeros le animan a bajar a saludar al presidente. Pero él prefiere quedarse en la soledad del ganador. No quiere aparecer en ninguna foto triunfal. El hemiciclo se vacía. Y él mira al techo donde todavía permanecen los agujeros de Tejero. No con la sensación de haber dado un golpe de Estado, sino con el deseo de convertir a Sánchez en un gran presidente con sentido de Estado. Su obsesión desde que fichó por él.

Crónica se acerca para darle la enhorabuena. «Esto es un éxito de Pedro y del equipo. Yo sólo soy un mero trabajador y me gusta estar en la sombra», expresa. Días antes había escrito un sms a un allegado: «La moción ya está ganada moralmente. Y eso no lo vio nadie la semana pasada. Pero nosotros lo vimos desde el primer día tras no salir el PP a dar explicaciones».

A la salida le aborda una compañera. «Lo has vuelto a hacer. En tiempo récord», le dice. Iván sonríe. Porque ganar batallas imposibles en tiempo récord es su seña de identidad. Y ésta la ha ganado en apenas una semana. Colmando su sueño de la adolescencia de llegar al centro del poder. A La Moncloa. Siempre pensó que sería con el PP, el partido al que había asesorado a nivel regional. El partido que no quiso ofrecerle las llaves de la estrategia nacional por miedo a su apuesta por la regeneración. Por cambiar viejos asesores con carné por jóvenes profesionales que no rindiesen pleitesía a sus líderes. Su llegada a Génova suponía la muerte de la vieja política en el PP. Y en el búnker del presidente aterraban esos aires de renovación.

Año 2007. Xavier García Albiol, candidato del PP a la alcaldía de Badalona, se reúne con un veinteañero Redondo. Antes se vio con las viejas glorias del marketing político, pero no le habían gustado sus técnicas desfasadas. Fue cuando decidió sentarse con Redondo, que acababa de montar su empresa con técnicas traídas de EEUU tras despuntar en la consultora Llorente y Cuenca y llevar la comunicación de la OPA de Gas Natural sobre Endesa.

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