Bloquear una sola aplicación conlleva también dejar a la población sin acceso a muchos otros servicios y «hay gobiernos que no quieren hacer eso», asegura el ex analista de la CIA. 

FUENTE: BUSINESS INSIDER

Los gobiernos que quieran imponer la censura tecnológica a sus ciudadanos cada vez lo van a tener más complicado, según advierte Edward Snowden, antiguo analista de la CIA exiliado en Rusia por filtrar a la prensa los programas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional.

Según el ex analista de la CIA, ya no es tan fácil bloquear una sola aplicación o un solo servicio y restringir su uso por parte de los ciudadanos. «Ya no pueden sabotear de manera selectiva a los usuarios de ciertas aplicaciones sino que tienen que cortar las comunicaciones para toda la población», explica Snowden durante la entrevista. 

Intentar bloquear un solo servicio puede implicar cortar todas las comunicaciones de la población «porque todo está centralizado en los servidores de un par de gigantes tecnológicos», asegura. Y añade que «hay gobiernos que no quieren hacer eso».

En 2018, Rusia intentó bloquear el acceso de los ciudadanos al servicio de mensajería Telegram porque la aplicación se negaba a revelar su sistema de encriptación. El gobierno tuvo que detener el intento cuando el bloqueo también implicó la imposibilidad de acceder a algunos servicios como el reparto de comidas a domicilio, los pagos online o los taxis, según recuerda Snowden. 

Durante el verano, el país trabajó para desarrollar un sistema con una tecnología más precisa que permitiera bloquear a una sola aplicación sin afectar al resto de la red, pero no ha conseguido nada hasta ahora. 

Aunque esto puedan parecer buenas noticias para los ciudadanos, Snowden advierte de que, en este escenario de lucha de poder entre las grandes tecnológicas y el gobierno, solo hay un grupo vulnerable: los usuarios. 

El ex analista de la CIA denuncian que los gobiernos se benefician del trabajo de las tecnológicas, por lo que les favorecen con regulaciones poco estrictas. Mientras tanto, las grandes empresas van ganando cada vez más poder y es cada vez más complicado hacer que se sometan a las autoridades locales. 

El hecho de que nuestras comunicaciones estén reguladas por solo unas cuantas empresas, no hace sino agravar la vulnerabilidad de los ciudadanos: «Estamos construyendo vulnerabilidades sistémicas, concentrando nuestras comunicaciones, toda nuestra experiencia, en estos pocos gigantes», asegura Snowden.