El sprinter de Paipa vuelve a levantar los brazos un año después en el Tour Colombia

FUENTE: EL PAIS

El ciclismo no es la lotería y a veces, pocas veces, premia a quien más lo desea, a quien más arriesga por conseguirlo, y premia en Duitama, la ciudad de Oliverio Rincón, a Juan Sebastián Molano, de Paipa, de donde había salido la etapa, junto a la laguna, a pocos kilómetros de allí, que gana el sprint sobrado a la otra figura colombiana de la especialidad, el cordobés de Montería Álvaro Hodeg.

Después de la segunda etapa sigue líder del Tour Colombia el ecuatoriano de Santa Martha de Cuba Jonathan Caicedo, un ciclista compacto, cuadrado, musculoso, el primero de su equipo en el sprint. Si Higuita, la figura más querida de la afición estos días por la forma en que ganó hace diez el campeonato de Colombia en Tunja, hubiera quedado dos puestos por delante, le habría arrebatado el liderato. “Pero eso no pasará”, había advertido Juanma Gárate, su director. “Mis corredores no van a pelearse por la camiseta”.

Y todos se respetaron. Y aceptaron la victoria de Molano, y le confortaron, porque lo pasó muy mal la temporada pasada, la de su fichaje por el UAE del WorldTour. “No saben lo feliz que estoy por poder reivindicarme, por volver a ganar, después de un año muy difícil”, dice Molano, a quien su equipo retiró del Giro pasado por unos valores no conformes. Corrió muy poco y ganó poquísimo para un sprinter, una etapa en febrero del Tour Colombia. “Vuelvo a ser el mismo. Sabía que siempre llegaría el momento en el que iba a llegar a la orilla, y el equipo sigue confiando en mí”, dice, tan contento como parecía estar el pelotón en las carreteras soleadas, y hasta los ciclistas se hacían selfies en pelotón supersonrientes con la máquina y el palo de Jungels. Y nadie pide cuentas a nadie.

Es como si en Boyacá, donde cada lugar, cada nombre, despierta una memoria ciclista, el ciclismo atravesara al otro lado del espejo y entrara en su cielo privado, donde la maravilla sustituye a la maldad y la grisura de la vida cotidiana y la lucha por la supervivencia.

Hace 25 años, en la misma recta de Duitama frente a la fábrica de gaseosas y cervezas de Postobón, vieron a Abraham Olano, un vasco que llegó bajo la lluvia con una rueda pinchada. Maravilloso, claro. Había mucho público, tanto, un montón, como el que aplaudió la larga recta de Molano y Hodeg, bajo el sol que pica y también quema, y deja a los blanquitos europeos rojos como salmonetes, y felices a los locales. En Sogamoso, donde termina la etapa del jueves, es donde los Parra, Humberto, Fabio e Iván, y ahora es donde Miguel Ángel López, Superman, que es de Pesca y no está en el Tour y vive en Sogamoso, donde va a tomar café y pasteles al Alicante, el local de su amigo Próspero Chaparro, el responsable de la formación de jóvenes ciclistas de Boyacá en el Instituto del Deporte del departamento. Superman vive en Mónaco, pero pasa los inviernos europeos en Sogamoso y coge la bicicleta y asciende El Crucero, por donde no se aventura el Tour, hasta la laguna de Tota, a 3.500 metros, donde, en sus islas, Freddy Montaña, otro ciclista, cultiva cebollas de tallo largo, y las fumiga. Pero Superman prefiere pescar en sus orillas trucha arcoíris, y vive.

Ni siquiera cuando llegue el Tour Colombia a Cundinamarca el espejo se romperá, ni desaparecerá el encanto. El sábado se llega a Zipaquirá, donde Efraín Forero, el indomable Zipa, el primer campeón de la Vuelta a Colombia, en 1951, en plena Violencia, y donde Egan y la catedral de sal. Y esto ya empezará a ir en serio de verdad.