Ha sido una época surreal en Hollywood pero los Premios de la Academia del domingo, que empezaron a las 8:00 p. m., hora del Este, pasando a la historia por varios motivos.

Los Oscar 2021: una ceremonia inusual en tiempos complicados.

Evitar que los niveles de audiencia televisiva se desplomen a un alarmante abismo mientras se homenajean películas que, en su mayoría, no han conectado con el gran público. Intentar revivir la taquilla de cines cuando la mayor parte del mundo tiene un año sin asistir a las salas. Integrar transmisiones de televisión en vivo desde más de 20 ubicaciones para cumplir con las restricciones de seguridad por el coronavirus.

“El amor por las películas nos ha hecho sentir menos aislados y nos ha conectado cuando estábamos lejos”, ha dicho la actriz y directora Regina King al inicio de la ceremonia de los Oscars 2021, que ha dado el pistoletazo de salida con un imponente plano secuencia a través del edificio del Union Square (en sustitución del tradicional Dolby Theatre) acompañado de música y créditos que parecían sacados de una película de los 70. Cine, espectáculo, ritmo y nostalgia. ¿Qué puede representar mejor a Hollywood? Sin embargo, en esos dos minutos iniciales se acabó la fiesta. No hubo números musicales, ni ‘sketches’, ni sorpresas. No hubo homenaje a esas películas «que nos han hecho sentir menos aislados», sino un formato serio y sobrio que no ha funcionado. Además, parece que a la industria se le ha olvidado que celebrar el cine no solo se hace viajando al pasado, sino también estando en el presente. Mientras los organizadores buscaban la anécdota cómplice en referencias a ‘Terminator 2’ o ‘West Side Story’, las películas nominadas (y ganadoras) sí estaban mirando al futuro. Y es un futuro prometedor.

Las apuestas tenían razón: Chloé Zhao ha hecho historia como la gran vencedora de la noche con los premios a Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz para Frances McDormand, en una ceremonia donde ha faltado chispa y donde ha sido la espontaneidad de los ganadores (y también de los perdedores) lo que ha salvado mínimamente la noche.

Por: Oliver Rosales Ocampo.
EDITOR EN JEFE.
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