Pbro. José Lucio León
Sacerdote de la diócesis de San Cristóbal
“Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor.
Santa Teresa de Calcuta
Por el camino se encontró un joven con Jesús. Puede ser para algunos un encuentro algo exagerado: él corre, encuentra a Jesús, se arrodilla ante Él. Es una exaltación de la realidad pero que en su esencia representa y es la fuerza de la Fe. “Maestro bueno”, así llama a Jesús y empieza este encuentro.
“JESÚS SE LE QUEDÓ MIRANDO: LO AMÓ…”
Jesús encuentra al hombre en la vida cotidiana, en el escenario del día a día, en lo que al mundo le rodea. La fuerza de la Fe y del Amor, no están en lo extraordinario ni la exaltación exagerada de las cosas, está en la continuidad de la vida y en la verdadera riqueza que es la relación con Dios. Este joven lo ha hecho siempre, se “ha portado bien”…pero ¿por qué tanta tristeza en acentuar algún detalle que le permita seguir del todo a Jesús? El Maestro le propone liberarse no solo del dinero sino liberarse de los prejuicios, de aquello que había conquistado en torno a las riquezas materiales, seguirlo con Fe, Amor y Esperanza.
Aquel joven no había sentido la mirada de amor que el Señor había dirigido hacia él, había hecho tanto pero no cruzó su mirada con la suya. No había entrado en la profundidad de una relación liberadora, donde él pudiese liberar su corazón no solo los “bolsillos”…las dos realidades lo ataban pero hubo algo que no permitió seguir de cerca la mirada de Jesús y él entonces decidió. La mirada de Jesús se hace universal, llama a sus discípulos hijos y les regala una enseñanza que comunica de manera inequívoca la fuerza del amor del Padre: “Todo es posible para Dios”.
Necesitamos, por tanto, vivir en la libertad de los hijos de Dios, aumentando nuestra Fe que nace del encuentro cotidiano con El Señor, ¿qué nos falta? Cruzar nuestra mirada con la de Jesús y dejarnos amar por Él, son detalles que se deben cuidar en la relación con Dios y con los demás.
LA VIRGEN MARÍA NOS LLEVA A JESÚS
Encomendemos nuestra vida a la Santísima Virgen María, nuestra Madre. Ella con humildad, sencillez y fidelidad, nos enseña a amar con todo nuestro ser a su Hijo Jesús. Como discípulos y misioneros en la Evangelización cotidiana, seamos testigos del Evangelio de la verdad, ofreciendo como propósito el deseo constante de ser fieles a la invitación del Maestro. Así sea.
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